Le estaban poniendo las esposas,
aguantaba erguido y cabizbajo.
No los conté, pero al menos llegaron quince polis
y un tipo duro con una gabardina.
Yo no pintaba nada en esa escena
y me mantuve al margen, escondido.
No fue el chico moreno al que cogieron,
fue su amigo el canijo, el de las barbas.
Siempre andaban los tres por esta zona.
No se por qué lo hizo,
le atacó por la espalda y lo redujo
a un pedazo de carne taladrada.
Los conocí esta noche en la Gran Vía,
nos endiñamos unos cartones de vino
y las sobras de cinco o seis litronas.
Yo me vine a dormir a mis cartones
mientras ellos hablaban alterados
viendo el fútbol frente a un escaparate.
Jugaban el Madrid y el Barcelona,
una copa, no se, paso del fútbol.
Yo me quedé dormido y desperté
cuando escuché los gritos del rumano.
No iré a contarle esta historia a los maderos,
les da igual, nadie les va a a pedir explicaciones.
No van a investigar quien le ha matado,
el fiambre es un jodido vagabundo.
Me metería en un marrón si lo contara
y sabes de sobra que prefiero
el invierno de la calle al del talego.
A ese pringao nadie le va a extrañar,
como a nosotros, que nadie nos espera.
Nadie le echará en falta al despertar,
ni a la hora de comer, ni en el trabajo.
No soy ningún chivato, olvídalo,
¿de qué nos va a servir darle más vueltas?


3 comentarios:
Creo que podré leer unos cuantos relatos interesantes por aquí.
Vaya atmósfera callejera has creado en este primer episodio...real como la vida misma.
espero el segundo capítulo.
Interesante, mucho.
No tardes ;)
un abrazo
Versos a caraperro. Como la vida misma, Antonio, fría como tajo de cuchillo.
Como a mí me gusta. Eres un crack.
Abrazos.
Tanta miseria escondida bajo la piel, y vamos por ahí, cruzando calles sin mirar más allá, sin sentir su aire, sin llorar sus silencios... Veremos en qué para este relato, Coloso, ya me clavaste a la historia!!
Besos,
Chiqui.-
Publicar un comentario en la entrada